Iglesias de Buenos Aires

Enero 9, 2009

Catedral Metropolitana

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CATEDRAL: viene de Cátedra término griego que se traduce por “silla en alto”. Catedral es la Iglesia en la que tiene su trono el obispo. El nombre procede de “Ecclesia cathedralis”, usado por primera vez en Tarragona el año 516. Se trata, por tanto, de un adjetivo sustantivado. La Catedral es la Iglesia madre de la diócesis. También se la denomina “domus Dei”; de ahí, p. ej. que Catedral en alemán se dice “Dom” o en italiano “duomo”. En español a veces se la llama “seo”. En Estrasburgo y otros muchos sitios de Alemania y varios de Inglaterra, la Catedral se conoce como “Münster” o “Minster” del latin “Monasterium”, porque fueron usadas por los clerigos para vivir en comunidad”

Datos Históricos:

Juan de Garay bajó por el río Paraná desde Asunción, con 60 “hijos de la tierra” (nombre dado por los españoles a los nacidos en América), diez españoles y una mujer, por órden del Gobernador de Asunción, Juan Torres de Vera y Aragón a repoblar Buenos Aires. Este último nombro a Garay “Teniente Gobernador y Capitan General en todas las provincias del Rio de la Plata”

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero, que vive y reina por siempre jamás, y de la gloriosísima Virgen Santa María su Madre, y de todos los santos y santas de la Corte del Cielo, yo Juan de Garay…, estando en este puerto de Santa María de Buenos Aires, … hago y fundo en este dicho asiento y puerto una ciudad la cual pueblo con los soldados y gente que al presente he traido para ello, y mando que se intitule la ciudad de la Trinidad“. Escribe Garay en el acta de fundación un 11 de junio de 1580.

El General español residente en Asunción ordenó inmediatamente el trazado según las Ordenanzas de Población de las Leyes de Indias de Felipe II del año 1573. Destinó para la Iglesia mayor o Catedral el mismo cuarto de manzana que ocupa hoy en día. En el acta de fundación se lee: “la Iglesia de la cu

al pongo por advocación de la Santísima Trinidad, la cual sea y ha de ser Iglesia mayor parroquial”. En lo que atañe a la jurisdicción eclesiástica, la nueva ciudad dependía de la diócesis del Río de la Plata, creada por el Rey de España con acuerdo de Paulo III el 1º de julio de 1547, la misma tenía sede en Asunción.

Esta Iglesia parroquial fue una modesta construcción con paredes de ad

obe, columnas de madera y techo de paja. En 1605 el gobernador Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, la mandó demoler por vieja e “indecente”. Un manuscrito hayado del primer gobernador criollo de Buenos Aires reza “… la hice derribar y fabriqué de nuevo… y así este templo con todos los demás de esta Provincia, de pueblos indios como de las ciudades, hasta la Catedral, puedo decir que las he fabricado no sólo con el trabajo y constancia de mi persona, sino a costa de mi hacienda” .

En 1616 las vigas del techo se rompieron por el alto grado de putrefacción que tenían. Hernandarias mando a

reconstruirla y reformarla inmediatamente.

Mientras se hacían proyectos para modificarla, solicitando para ello la contribución pecuniaria de los fieles, la Iglesia acabó de derrumbarse. Ni el Cabildo de la ciudad, ni los fieles perdieron el ánimo y enseguida fletaron una embarcación al Paraguay para adquirir y traer la madera necesaria para la reedificación del templo. Las obras se iniciaron en enero de 1618.

Hernandarias encargo al carpintero Pascual Ramírez que, junto a dos oficiales blancos y nueve indios, llevara a cabo la construccion del tempo por tercera vez. Su costo sería de 1.100 pesos. El nuevo edificio resultó más pequeño que el anterior, tanto que en 1621 ya se hablaba de construir otro destinado a la Catedral.

Entre tanto, en Madrid y en Roma se llevaban a cabo los trámites para la creación de la diócesis de Buenos Aires. La bula de erección canónica de Su Santidad Paulo V está fec

hada el 30 de marzo de 1620. Según lo certificado por el escribano del Rey y Mayor de la Gobernación de Buenos Aires, don Juan de Munárriz, el 19 de enero de 1921 tomó posesion del nuevo obispado Fray Pedro de Carranza.

El obispo señaló como Catedral la única Iglesia de clérigos que había en la ciudad. Y en su carta del 4 de may

o de ese mismo año escribía al Rey: “está tan indecente (la Catedral) que en España hay lugares en los campos de pastores y ganados más acomodados y limpios; no hay sacristía, sino una tan vieja, corta e indecente, de cañas, lloviéndose toda con suma pobreza de ornamentos”. Y más adelante: “El Santísimo Sacramento está en una caja de madera tosca y mal parada. Y en cuanto toca al edificio, es forzoso el entablarla y acomodarla, so pena de que dará toda en tierra y nos iremos a una Iglesia de un Convento a hacer Catedral”. Y en el auto de erección del 12 de mayo de 1622 dejó escrito: “Sin coro ni sacristía a propósito, la cubrimos de nuevo y retejamos e hicimos sacristía nueva y coro y pusimos pila de agua bendita en medio de la Iglesia y trajimos de España, con limosnas que su Majestad dio y nosotros en parte tafetanes de colgadura y ternos y otros adornos para servicio del culto divino e hicimos fuera de esto, donación a la Catedral de dos cuadros grandes con guarniciones doradas, el uno del glorioso San José, y el otro de la Magdalena”. Además, instituyó dos cofradías: la del Carmen y la de Esclavos del Santísimo Sacramento.

Cuando el tercer obispo de Buenos Aires, el limeño Fray Cristóbal de la Mancha y Velasco (consagrado por su Santidad Urbano VIII) llegó a su sede el 6 de octubre de 1641, halló a la Catedral, si no en estado ruinoso, por lo menos muy deteriorado. Así que concibió de inmediato la idea de levantar un nuevo templo y se lo comunicó al Rey el 19 de noviembre de 1662. Según el plano que le adjuntó, la Iglesia iba a tener tres naves; para su construcción se necesitarían 5.000 pesos, suma que solicitaba del r

eal tesoro. Por real Cédula de Aranjuez, del 10 de mayo de 1663, el Rey Felipe IV ordenó que se entregara ese dinero. En el gobernador, don José Martínez de Salazar el obispo halló quien colaboraba en la construcción del templo con “incansables fatigas y asistencias continuas, solicitando medios, buscando limosnas, poniendo a su servicio su gran inteligencia en las matemáticas, y particularmente en la arquitectura”. En 1671 la Catedral estaba terminada: constaba de tres naves, su techo de madera y una torre; era de proporciones regulares.

Pero he aquí que una obra con tantas apariencias de solidez, al cabo de siete años, por causa de la calidad inferior de algunos materiales usados en su construcción, empezó a dar muestra de su ruina inevitable.

El año 1678, el nuevo prelado, Antonio de Azcona Imberto se dirigió al Rey haciéndole presente la urgencia en la reparación de la Catedral, y solicitando la suma de 12.000 pesos. Su Majestad acudió a la demanda, de tal manera que en octubre de 1680 se dio comienzo a las obras. El historiador Rómulo D. Carbia comenta: “El peligro estaba en el techo y tenía su origen en que no se le había dado la corriente que exigía la frecuencia y la abundancia de las lluvias. La Iglesia goteábase toda, y ello se debía a que los canales que corrían en todo lo largo del edificio, sobre los arcos que dividían las naves laterales y que tenían por objeto recibir las aguas de la nave principal, habían sido construidos con poca capacidad y malos materiales, al punto de producir continuas filtraciones”. Al poco tiempo el techo se desplomó, se destruyó a consecuencia de ello el retablo del altar mayor y se impuso la demolición de la torre por la gravedad de su deterioro.

La recon

strucción se llevó a cabo muy lentamente, por razones de orden económico, con ladrillos, argamasa, madera de caoba, lapacho y cedro. A pesar de ello, en 1690 la Iglesia con sus tres naves estaba cubierta, aunque todavía faltaba terminar su interior sus capillas, la sacristía y había que elevar la torre que hasta entonces sólo contaba del primer cuerpo. Para hacer frente a todos los gastos se echó mano de todos los medios disponibles: la real hacienda, el obis

po con sus rentas y alhajas, el vecindario con sus limosnas. La obra siguió adelante, pero al fallecer el obispo el 19 de febrero de 1700 aún no estaba concluida. .

Su sucesor fue el trinitario Fray Pedro de Fajardo que, como es de suponer, puso todo su empeño en la conclusión de las obras de la Catedral. En una carta del 20 de agosto de 1721 comunicaba el obispo al Rey que ya se había dado cima a una de las torres y estaba interesado en levantar la segunda.

Pero al año siguiente (1722) el techo del templo volvió a deteriorarse de tal modo, que se temía su derrumbe. Enfermo y en cama, el obispo pidió al Cabildo Eclesiástico que se hiciese cargo de la obra.

El Cabildo, sin presupuesto, dirigió un exhorto a los miembros del Ayuntamiento a quien competía, también, poner manos en ese asunto. Pero por un motivo u otro pasaron dos años sin que se hubiera adelantado nada.

El arcediano de la Catedral, el doctor Marcos Rodríguez de Figueroa, decidio tomar como causa personal la terminación de la obra del templo. El 6 de agosto de 1723, pidió permiso al C

abildo para que un clerigo junto a otra persona saliera “por las calles a pedir limosna a las personas que tuvieran”. Consiguió así 1.500 pesos del vecindario, hizo un empréstito de 2.500 pesos y 1.000 pesos mas provinieron del Cabildo secular. La real hacienda dió 1.800 pesos y el propio arcediano 3.000 de sus propios haberes. Con este monto recaudado se consiguió terminar con el trabajo de las torres, arreglo de las naves y el del pórtico; además, en 1725, un ciudadano de nombre Tomás Trupp, hizo una donación de 5.000 pesos para la compra de cinco campanas.

Al morir Fray José de Peralta Barrionuevo y Rocha Benavídez el 17 de noviembre de 1746, se reunió el Cabildo y eligió vicario capitular al Dr. Bernardino Verdún de Villaysán, una de cuyas principales ocupaciones –y las del Cabildo- fue el mejoramiento de la Catedral.

Como primer acto, tanto el vicario capitular como el Cabildo, hicieron traer de Potosí 400 lingotes de oro y los elementos necesarios para hacer dorar el retablo; luego se ocuparon de blanquear la sacristía mayor, los pilares del cañón principal, de todas sus capillas y del bautisterio; se cerraron los tres arcos que se hallaban bajo la torre, “así por hallarse sin abrigo –dicen los documentos- y expuestos a los vientos y polvos que perjudica mucho al aseo de la Iglesia, como porque el señor gobernador, las reales juntas, el teniente de sacristán mayor, que vive en uno de los accesorios, y otras personas temerosas de Dios tienen informado que sirve, de noche, de abrigo de liviandades”.

Además de ello, el Cabildo se ocupó en hacer alargar el presbiterio, ensancha

r la mesa del altar mayor, cuyo retablo compuso en sus dos caras. Se realizaron trabajos en la sala capitular y el archivo, donde se ordenaron y compusieron según las normas de la época de tal manera que no sufrieran deterioro los documentos y papeles que allí se iban a guardar. El Cabildo tuvo que sufragar los gastos que traían consigo estos arreglos y limpiezas. Un vecino de la ciudad, Agustín de García, donó 500 pesos para el dorado y pintura al óleo del coro principal.

A 9 de la noche del 23 de mayo de 1752 se derrumbó una parte de la Catedral y entre las seis y la siete de la mañana del día siguiente se desplomaron, según informe del gobernador José de Andonaegui “las tres bóvedas de iguales naves”. Y el obispo, don Cayetano Marcellano y Agramont informaba al Rey refiriendose a la Catedral que fue preciso “derribarla enteramente por la poca firmeza de las paredes que han quedado y empezar su fábrica desde los cimientos con más solidez y extensión que los de la antigua, que por su cortedad no parecía Catedral, y a juicio del más acreditado alarife pasará su costo de doscientos mil pesos por el subido precio de los materiales en este puerto” y terminaba pidiéndole “se sirva aplicar a tan útil y necesario edificio la cantidad de dinero que arbitre su real clemencia…”

Este pedido se pasó al Virrey del Perú, a la vista del fiscal, a la real audiencia. Por ello, transcurridos tres años, sin contar con la autorización real y sin haber enviado los planos para su autorización, y con el total apoyo del Cabildo Eclesiástico,

empezó el obispo a levantar la nueva Catedral, la actual, según los planos del arquitecto turines Antonio Masella. El celebre vecino Domingo de Basavilbaso (quien construyera en su domicilio el primer aljibe de Buenos Aires), en 1754 se hizo cargo de la tesorería y dirección de la obra del nuevo templo. La nueva Catedral, según el plano de Masella, contempló un edificio de 100 varas de largo desde la puerta hasta el Altar Mayor sería de cruz latina, con tres naves y seis capillas laterales a ambas , realizada en material y a un costo de 200.000 pesos.

La Catedral se fue edificando con los pocos bienes de la Iglesia y con la cooperación económica del pueblo. En 1758 se pudo inaugurar la llamada nave de San Pedro, la que se halla a la derecha de la puerta de entrada, y también el nuevo bautisterio.

Las disputas que el Rey de España comenzaba a tener con los jesuitas, por el supuesto avance de la corte portuguesa sobre las misiones jesuiticas, hicieron que la ayuda de la corte de Madrid llegara recien en 1760.

El sucesor del obispo Cayetano Marcellano y Agramont, fue el porteño José Antonio Basurco, quien ocupó sólo un año la sede bonaerense, pero hizo también su obra contribuyendo a la prolongación del templo al donar el terreno de una casa, contigua a la Iglesia, que pertenencia de su hermana, doña María Josefa Basurco, tasado en 7.500 pesos, que pagó de su peculio personal.

Una nueva dificultad sobrevino en 1770, se detectaron grietas en la media naranja o cúpula, fue necesario proceder a su demolición. Esto implico que se le embargara al turines Masella el dinero necesario para su reparación. Se le encargo, entonces al arquitecto Manuel Álvarez de Rocha que concluyera las obras.

Al cabo de siete años las obras tuvieron que suspenderse porque también se había suspendido la ayuda estipulada en 6.000 pesos. En 1778 fue demolido el pórtico porque no concordaba con las proporciones del edificio de la Catedral; también fueron demolidas las torres por no estar de acuerdo con el estilo del templo.

Fue el penúltimo obispo de Buenos Aires, don Manuel Azamor y Ramírez, quien la inauguró el 25 de marzo de 1791, treinta y ocho años después de iniciada su reconstrucción en 1753.

El Papa Pio VIII eligió al último obispo de la era hispánica don Benito de Lué y Riega en 1802. La Catedral fue consagrada por él en 1804, quien completó lo que aún le faltaba: el frontis y las torres. Las obras se comenzaron en 1804, pero en 1807 tuvieron de suspenderse por falta de dinero.

Pasados los años, independizado ya el país de la metrópoli, el gobierno de Martín Rodríguez en la persona de su ministro Bernardino Rivadavia puso un gran interés en la conclusión de las obras de la Catedral. Al respecto, se sabe con certeza que las del frontis se comenzaron el mes de enero de 1822.

El encargado de terminar el templo, fue el ingeniero francés Próspero Catelin. Hay algunos autores que afirman que al levantar la columnata del frontis se inspiró en la Iglesia de La Magdalena de París. Pero si confrontamos una y otra, constatamos en seguida que en realidad no fue así. En primer lugar, la Magdalena tiene ocho columnas y la Catedral de Buenos Aires doce. En segundo término, las obras de la Magdalena se concluyeron el año 1842 y por tanto no podía tomarse como modelo lo que aún estaba por concluir en 1822. Según e

l arquitecto Buschiazzo más bien parece que Catelin “se hubiese inspirado en el Palais Bourbon, cuya fachada tiene también doce columnas y que acababa de ser terminado por el arquitecto Poyat en 1807″. Las doce, columnas, número con el que quiso representar a los doce apóstoles, se concluyeron en 1823, aunque sin capiteles y sin las esculturas del tímpano. Las columnas se revocaron tardíamente, en 1862, y ese mismo año, el escultor francés Joseph Dubordieu realizó un bajorrelieve en el timpano con la escena del Antiguo Testamento en la que Jacob se encuentra con su hijo José en Egipto, alusión al encuentro de los argentinos después de la batalla de Pavón en 1861. Las columnas son del orden corintio.

Curiosidades

La Catedral fue declarada monumento histórico el 21 de mayo de 1942 por decreto presidencial número 120.412.

Fue el primer edificio argentino que tuvo un reloj despertador, a fines del siglo XIX.

Es la única Iglesia porteña con dos pulpitos, en razón de que, como en las antiguas Catedrales, se cantaba el Evangelio del día en el del costado derecho, y la Epístola en el del izquierdo.

La araña central perteneció a Napoleón III.

La capilla más notable del templo es la consagrada al Santísimo Sacramento, donde se construyó un altar con exuberante basamento de mármol y columnas de granito al estilo barroco. Las pinturas interiores pertenecen a Francisco Parisi y hay también obras de Rubens y de Gagliardo, quien en el Vaticano retocó las obras de Rafael.

El patio trasero funcionó como cementerio. Estaba cercado para evitar que merodeadores entraran al campo santo a robar. La curia funcionó alli por muchos años, recie

n a mediados del siglo XX, los sacerdotes dispusieron de un lugar cómodo. El enterratorio fue cerrado después de un derrumbe donde muchas tumbas quedaron irreconocibles.

En la entrada de la Catedral podemos observar una estrella de ocho puntas realizada en ceramicas oscuras que indican la Cota Cero (punto de referencia para el nivel de la ciudad).

El primer bautismo anotado en los libros que se han conservado, lleva la fecha 16 de marzo de 1611 y corresponde a Antonia Sosa, hija de Antonio y de su esposa Ana Escovar, siendo el cura Juan Martinez de Macedo.

El primer casamiento fue consagrado el 6 de mayo de ese mismo año, siendo bendecido por el mismo sacerdote. Los contrayentes fueron Francisca Rodriguez y Francisco Gery. Los padrinos fueron Juan Muñoz y su esposa Beatriz

Inesperado hallazgo

El estudio de arquitectos Casano Zubillaga Poli en 1997 fue el encargado de llevar adelante la restauración y reconstrucción del templo. Al momento de recuperar el retablo se encontraron con un hallazgo mas que emocionante.

El 30 de enero de 1997 el arquitecto Juan Carlos Poli contó al diario La Nación el momento del hallazgo: “Cuando corrimos los tres retablos principales, el mayor, el de Nuestra Señora de los Dolores y el de San Pedro, porque había que realizar trabajos de restauración en el muro, descubrimos, con sorpresa, que el retablo del altar mayor había sido proyectado en 1774 para ser rodeable y no pegado contra el muro testero. Al retirar el retablo mayor, des

cubrimos que el muro tenía una pared que lo tapiaba, detrás de ella encontramos una gran capilla, que va a quedar como fue proyectada originalmente.

La capilla que apareció, casi mágicamente, detrás del retablo, no es otra cosa que la original Catedral colonial, que contrasta con el estilo renacentista que impera en el resto del templo.

La estructura del arco y las dos pilastras triangulares que lo sostienen, hasta ahora ocultos por el muro testero, ‘es exactamente igual a la que presenta la capilla de Belén, en el barrio de San Telmo, construída en 1754 por el arquitecto saboyano Antonio Masella, que también llevó adelante el proyecto de la Catedral metropolitana’.

Emoción indescriptible

Junto con el corrimiento del retablo mayor, no sólo apareció el diseño original de la Catedral de Buenos Aires; también volvió a ver la luz, luego de 138 años, la contrafachada del mencionado retablo. ‘Nuestra emoción fue indescriptible’, recordó Poli. En la contrafachada del retablo puede observarse, casi 140 años después, la alegoría de la Inmaculada Concepción. La capilla que estaba oculta, y que no formaba parte de las obras porque se ignoraba su existencia, está siendo restaurada, de manera que la Catedral presentará los dos estilos, colonial y renacentista, y dos imágenes de la virgen, la Nuestra Señora de Buenos Aires y la Inmaculada C

oncepción”

Sobre el Santo Cristo de Buenos Aires

Con este nombre se conoce desde el siglo XVII una piadosa imagen de Cristo Crucificado que se halla en el altar izquierdo del crucero de la Catedral. El gobernador del Río de la Plata, don José Martínez de Salazar la donó en el año 1671; además, él mismo fundó la cofradía o esclavitud denominada “Congregación del Santo Cristo de Buenos Aires”, hoy inexistente. El 11 de diciembre de ese mismo año, el obispo Mancha y Velazco aprobó sus Constituciones y el martes 29, también de ese mismo mes y año, quedó fijado como fecha de su fundación.

Respecto a la imagen, está tallada en madera de algarrobo policromada, representa a Jesucristo crucificado con cuatro clavos; la imagen tiene 1,75 metros de altura y 1,50 de brazos; la cruz mide 3 por 2 metros. La obra fue realizada tallista portugués Manuel de Coyto.

El 18 de junio de 1750 se creó en la Catedral la “Hermandad de María Santísima de los Dolores y sufragio de las ánimas del purgatorio”, erigida canónicamente el 22 de setiembre de 1756. La imagen de la Virgen Maria, la dolorosa, copia de la que se venera en la capilla de la Hermandad de Dolores de la Iglesia de San Lorenzo, de Cádiz, por resolución del obispo Azamor y Ramírez fue colocada en la capilla “de la testera o frente de la segunda nave a mano izquierda de la entrada de la Iglesia por la puerta principal”. La imagen fue donada en diciembre de ese año por Jerónimo Matorras, primo hermano de la madre del general San Martín, doña Gregoria Matorras. Desde ese año se realiza la “misa de dolores y ánimos”.

El altar fue objeto de una transformación el año 1948, conservándose el

retablo tal cual está hoy en día, sólo que a su pie se colocó una imagen de Cristo yacente, réplica del de la Iglesia de San Gregorio, en Sevilla.

Nuestra Señora de la Paz

El obispo Marcellano y Agramont elegido por el Papa Benedicto XIV el 23 de enero de 1749, consagrado obispo el 3 de agosto de 1750 y llegado a Buenos Aires el 6 de diciembre de 1751, trajo consigo una imagen de Nuestra Señora de la Paz. La hizo colocar en la capilla que más tarde fue mausoleo del General San Martín, donde permaneció hasta 1878. La talla de Nuestra Señora de la Paz, en 1910 fue llevada a la capilla de San Javier, en Córdoba, y colocada junto al sepulcro de quien había sido el tercer arzobispo de Buenos Aires, Fray Cristóbal de la Mancha y Velazco. Finalmente por acuerdo capitular del 24 de junio de 1927 fue colocada en su actual capilla. El 12 de octubre de 1952, el Cardenal Santiago Luis Copello la coronó solemnemente y el 15 de agosto de 1953 coronó al Niño.

La capilla del Sagrario

Fue construida en la que era sacristía de los capellanes de coro. La piedra fundamental se colocó el 6 de setiembre de 1941. La obra se concluyó en tres años y el 7 de octubre de 1944, en ceremonia pública el Hermano Mayor de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, Dr. Mario J. del Carril, hizo entrega de la llave de la capilla a Su Eminencia el Cardenal Copello. Con la construcción de esta capilla se quiso rendir homenaje a S.S. el Papa Pío XII, que había visitado la Catedral siendo legado pontificio del XXXIV Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires en octubre de 1934 y también como homenaje al primer cardenal argentino Dr. Santiago L. Copello. Al costado derecho de la capilla y en una especie de urna fue colocada la magnífica custodia portadora del Señor Sacrament

ado en la grandiosa procesión final del citado Congreso. En la construcción del altar se tomó como modelo el de la confesión de San Pedro en la basílica de su nombre en Roma; el baldaquino de columnas salomónicas, de mármol, recuerda el de Bernini.

Hay que mencionar otras dos imágenes: la de Nuestra Señora de los Desamparados y la del Cristo (de los futbolistas, pero tiene otro nombre “Santo Cristo del gran amor”, que data del año 1980). Es una imagen vestida y tallada en cedro del Libano por un sevillano. Michael Luongo, en su guia turistica Frommer’s Buenos Aires asegura que la imagen fue donada por familiares de desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983).

El 11 de Abril de 1877 el entonces presidente Nicolas Avellaneda firmó el Decreto de creción de una Comision encargada de repatriar los restos del General San Martin. La misma estuvo presidida por Mariano Acosta, vicepresidente de la Nación. Era entonces Arzobispo Monseñor León Federico Aneiros, la comisión, con la firma de José Prudencio Guerrico, le solicitó al prelado la capilla, ya sin uso, que había servido en otros tiempos de bautisterio. El proyecto de los peticionantes era que en el frente Oeste se erigiese un altar a Santa Rosa de Lima y un sarcófago en el frente Sur. Así lo comunicaron al arzobispo, quien de inmediato pasó la nota al cuerpo capitular. El Cabildo asintió complacido: “mirando como una de las preeminencias y de las glorias de la Iglesia

metropolitana ser la depositaria de los restos de tan ilustre varón”. Al año siguiente hubo un cambio en el proyecto: en vez del bautisterio, la commisión solicitó que el mausoleo sea eregido en la capilla de Nuestra Señora de la Paz, que tuvo que ser ensanchada para ese efecto. El 28 de mayo de 1880 llegaban a bordo del Transporte ARA Villarino los restos del Libertador de America.

Se los trasladó del puerto a la Catedral y, después de celebrado un oficio fúnebre por el eterno descanso de su alma, se colocaron en el monumento. La razón de ello es que los restos habían sido depositados en triple ataúd de grandes dimensiones, de tal manera que sólo pudo caber en el lugar indicado en posición oblicua, no horizontal. El mausoleo, todo de mármol, fue obra

del escultor francés Albert Carrier-Belleuse. Dentro del recinto del mausoleo se han depositado, también, los restos de los Generales Juan Gregorio de Las Heras y Tomás Guido.

Datos Arquitectónicos

Estilo de la Catedral

Una de las cosas que sorprende a quien visita con algun conocimiento de estilos arquitectónicos, la Catedral es la diversidad de géneros que es posible observar en su interior. Esto se debe a los años que se tardó en terminarse, su construcción. Iniciada en el Siglo XVIII y concluida a principios del Siglo XX, pasando por muy diferentes manos, de arquitectos y constructores, quienes, según estuvimos viendo, fueron cambiando o agregando algo, desde elementos un tanto barrocos, hasta su estilo fundamentalmente románico.

El templo impresiona por su volumen y grandiosidad, esto se debe a que su nave central está próxima a los cien metros de largo. Su piso, que tiene una superficie que se aproxima a los tres mil metros cuadrados, es de mosaico y sus pequeñísimas testelas dibujan espinas, clavos y otros motivos de la pasión, formando una atractiva alfombra multicolor que se extiende por toda la Iglesia..

Es uno de los pocos edificios catedralicios de la Argentina que posee una nártex. Este consiste en un pórtico de entrada, cerrado, lo que podríamos llamar doble pórtico, como si fuera un gran vestíbulo, anexo a las naves de templo. Se lo ve separado, antes de ingresar a las naves propiamente dichas, por sendas puertas que coinciden en posición, estilo y volumen con las que, en frente, comunican con el exterior. En los primeros siglos de la Iglesia este lugar, el nártex, se reservaba para los catecúmenos, quienes seguían desde allí las ceremonias y predicación, pero al iniciarse el Ofertorio de la Santa Misa, se retiraban, por no encontrarse autorizados a permanecer durante la liturgia eucarística.

La actual fachada fue diseñada por el arquitecto francés Próspero Catelín en el año 1822, con pórtico neoclásico. Las doce columnas que la componen rematan su fuste liso en labrados capiteles corintios, sobre los que descansan en tablamentos cuyo frontón esculpido constituye una auténtica obra de arte. La ornamentación del frontispicio, que representa el reencuentro del patriarca Jacob con su hijo José, fue realizada, como ya dijimos, entre 1860 y 1863 por Joshep Dubourdieu.

Sobre la pared de la fachada del templo se advierte junto a la llama votiva la frase “Aquí descansan los restos del Capitán General D. José de San Martín y del Soldado Desconocido de la Independencia ¡Salúdalos!”. Junto a ella hay dos inscripciones en latin “Salva a tu pueblo, Señor”, y “Bendice a tu heredad”

En 1877 el arquitecto Enrique Aberg reformó la capilla lateral para poder alojar allí el Mausoleo del General San Martín, obra del escultor Albert Carrier-Belleuse. Valiosas obras de arte componen su equipamiento litúrgico, destacándose particularmente el altar mayor, obra de Isidro de Lorea; la sillería del presbiterio; y las imágenes religiosas de la Virgen de los Dolores y el Santo Cristo de Buenos Aires, que tiene su origen en el siglo XVII.

En su interior poseé un ámbito espacioso y claro con dos laterales en los que abren amplias capillas, sus generosas dimensiones se comunican entre sí y hacen que pueda hablarse de cinco naves, dilatando aún más el espacio. El altar mayor, dorado de majestuosas proporciones se impone en el medio como el punto más conspicuo del centro. Sus formas sinuosas, espiraladas, su ornamentación en base a flores y rocalia, delatan la filiación rococó de la obra. En el brazo izquierdo hay un altar con una imagen del Santo Cristo de Buenos Aires. Al final de la nave izquierda se llega a un altar de interesantes características dedicadas a la virgen de los Dolores una de las primeras traidas al país.

El Organo

Lo construyó la casa alemana Eberhard Friederich Walcker en 1871. Fue el primero de varios instrumentos de origen alemán que luego iban a ingresar en la Argentina en los años subsiguientes.

Antes de ser comprado por nuestra Catedral este órgano con su inusual sistema mecánico de válvulas cónicas estaba instalado en una Iglesia de Berlín. Se lo inauguró oficialmente en 1873 y en esa ocasión el organista Jaime Xarau ejecutó las primeras obras escuchadas en Buenos Aires.

El costo acendió a 260.000 pesos y hay diferentes versiones respecto a quien efectuó el pago. La gloria se la disputan entre el Gobierno Nacional y las autoridades clericales junto Felix Frias (vecino acaudalado de la ciudad).

El sonido de este instrumento es completamente representativo de la estética romántica alemana pero también incluye algunos elementos de estilo francés. Los materiales usados en la construcción de este órgano son de una calidad excepcional. Podemos reconocer el cuidado y el refinamiento del trabajo realizado por el constructor del instrumento durante el desarrollo de cada una de las piezas y el ensamblado final de las mismas.

Las once cajas en la que llegó de Europa el instrumento fueron retenidas en la Aduana Argentina durante dos años y fue necesaria la intervención en persona del presidente Domingo Faustino Sarmiento para lograr destrabar la burocracia existente a través de un decreto y así permitir que el órgano llegue a su destino.

Este instrumento permaneció intacto hasta 1887 año en el cual se le realizaron alteraciones menores que estuvieron en manos del organero Alberto Mateo Poggi. Estas reformas están documentadas en algunas publicaciones que se conservan de aquella época.

Hasta la década del 30 fue un órgano que, para que sonara, había que llevar aire al fuelle con una manivela.



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Junio 27, 2008

Iglesia de la Merced. Convento de San Ramón.

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Dirección:Reconquista 207 San Nicolás

Referencias Históricas y Testimoniales:

Hacia 1604 existía ya una iglesia de la Merced, con el convento de San Ramón anexo, en su actual emplazamiento.

En la segunda mitad del siglo XVII, ese templo habría sido reemplazado por otro. La tercera iglesia es la que ha llegado a nuestros días.

Algunas fuentes indican que su autor fue el Arq. Andrés Blanqui, con la
probable colaboración del Arq. Juan Bautista Prímoli, ambos jesuitas.

La primera piedra fue colocada en las fiestas patronales de 1721. En 1733 se habilitó g
ran parte del templo, pero su construcción culminó recién hacia 1779.

Durante las Invasiones Inglesas fue ocupada por las tropas defensoras de Buenos Aires y, desde el atrio, Santiago de Liniers dirigió el ataque a la Plaza Mayor.

La iglesia, precedida por ese amplio atrio, que la vincula con su entorno urbano, tiene una sola nave y capillas laterales profundas; en el crucero, una cúpula se eleva sobre tambor cilíndrico. El presbiterio, más angosto que la nave, termina con un testero recto. El interior de la iglesia conserva su carácter original, aunque las pinturas decorativas y los vitrales agregados a principios de siglo lo oscurecieron notablemente.

Los altares, excelentes muestras de los estilos barroco y rococó, poseen valiosas imágenes religiosas, entre las que se destaca el Cristo de la Humildad y la Paciencia, del siglo XVIII.

Desde el claustro del convento se aprecia parte de la fachada norte, casi intacta pese a los cambios hechos a principios de siglo, cuando se agregaron rejas, cercando el atrio; la antigua ventana del coro fue reemplazada por un rosetón con vitreaux; se colocaron estatuas en los nichos. En el frontis, cuyo remate curvo coronado por pináculos caracteriza al edificio, se agregó un grupo escultórico que representa a Belgrano ofreciendo el bastón de mando del Ejército del Norte a la Virgen de la Merced.

El presidente Mitre

Dijeron alguna vez en una omilia respecto de Bartolomé Mitre”Esta nave y estas bóvedas han conocido al hombre, al ciudadano, al estadista; aquí acudió en distintos momentos de su vida, aquí lloró la muerte de sus seres queridos -su mujer, Delfina; sus hijos Adolfo y Bartolomé-, aquí apadrinó, junto a la fuente bautismal, a nietos y bisnietos; aquí celebró su jubileo; desde aquí, monseñor Rasore, párroco entre 1875 y 1929, acudió el 17 de enero de 1906 a administrarle la unción de los enfermos.”

Observaciones:
Tiene una sola nave y capillas laterales profundas, en el crucero una cúpula se eleva sobre un tambor cilíndrico. El
presbiterio es más angosto que la nave. El interior conserva su aspecto original, aunque se vio oscurecido por la presencia de pinturas decorativas y vitrales. Los altares excelentes muestras de los estilos barroco y rococó, posee imágenes religiosas entre las que se estaca el Cristo de la Humildad y la Paciencia, del siglos XVIII.
Esta obra del padre Blanqui, posee un nártex cubierto con bóveda de arista en el tramo central, sobre el que se encuentra el coro y de medio cañón a ambos lados. Esta nave única fue acompañada por profundas capillas laterales y un presbiterio rectangular. Posee cúpula que se eleva sobre un alto tambor revestida con azulejos de procedencia francesa, colocados en el siglo XIX. Cuenta además con una torre coronada por un cupulín en forma de bulbo. En este antiguo templo de los mercedarios, casi no quedan vestigios de la construcción colonial ya que la reforma ejecutada por el arq. Buschiazzo hacia 1905, sólo conservó las paredes.
El altar mayor es monumental, de estilo barroco, de planta curva de un solo cuerpo, sobredorado, con molduras ornamentales en los pilares. Está presidido por la imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes. En el centro un bajorrelieve representa la Aparición de la Virgen a San Pedro Nolasco y al Rey de Aragón. Este tabernáculo ejecutado por Saravia fue reemplazado por otro realizado en el siglo XIX de diseño dinámico. En una fosa junto al altar de San José fueron depositados los restos de su benefactor José Luis de Arellano y ambos lados los de su primera y segunda esposa.
También se destaca el púlpito, rico en motivos ornamentales con temas vegetales, símbolos de los evangelistas, el escudo español ;elementos que culminan en la imagen de San Pedro Pascual que remata el conjunto.
Como otros templos de la ciudad éste conserva una imagen milagrosa. Se trata la del Señor de la Humildad y la Paciencia llamado José, en el tronco de un árbol que estaba ubicado en una quinta cercana a la actual calle Florida.
La fachada fue modificada. El tímpano del frente representa al Gral. Belgrano entregando el bastón de mando a la Virgen después de la batalla de Tucumán.

Propietario actual: Arquidiócesis de Buenos Aires
Proyectista: Andrés Blanqui, Juan Bautista Prímoli, Arquitectos
Año de proyecto: 1721
Año de construcción: 1733
Año de inauguración: 1779
Corriente estilística:Neoclasicismo
Uso actual: Culto
Estado de conservación:Bueno.

Protección Nacional: Monumento Histórico Nacional

Protección Municipal:Catalogado Integral

Mayo 28, 2008

Iglesia de Santa Catalina de Siena

Dirección: San Martin 705 San Nicolás


Referencias Históricas y Testimoniales:

A principios del siglo XVIII, el presbítero Doctor Dionisio de Torres Briceño propuso al Rey Felipe V la edificación de un monasterio para mujeres en la ciudad de Buenos Aires. Las gestiones ante el rey de España fueron fructíferas y el permiso le fue otorgado a través de la Real Cédula del 27 de octubre de 1717, con la expresa restricción de que en ningún caso el número de religiosas pasase de cuarenta.

Fundada en el año 1580, Buenos Aires no contaba con ningún convento de religiosas, a diferencia de otras ciudades de la América española como Córdoba, Santiago de Chile, Lima y Chuquisaca.

El lugar elegido por Torres Briceño para emplazar el monasterio fue en un predio frente al Hospital del Rey, en las esquina de las actuales calles México y Defensa. En 1727, tras adquirir varios solares, se dio inicio a las obras de construcción.

Los planos fueron trazados por el Hno. Andrés Bianchi, famoso arquitecto italiano perteneciente a la Compañía de Jesús. Este religioso junto el Hno. Juan Bautista Prímoli, también jesuita, diseñaron algunos de los principales edificios y templos de las ciudades de Buenos Aires y Córdoba, como el Cabildo, el Colegio y la Iglesia San Ignacio, la Iglesia del Pilar, la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, la Iglesia de San Francisco y Capilla San Roque y la Catedral de Córdoba.

Al poco tiempo de iniciada la construcción, las obras fueron paralizadas a raíz del fallecimiento de su fundador el 24 de abril de 1729. El Dr. Torres Briceño donó todos sus bienes al monasterio.

La edificación se paralizó por varios años, quedando en suspenso hasta el gobierno del brigadier Miguel de Salcedo, quien en 1737 llama a licitación para continuar la obra. La construcción fue adjudicada al capitán Juan de Narbona, constructor del convento de Recoletos.

Narbona solicitó al gobernador el cambio de ubicación ya que consideraba que el monasterio se encontraba en la parte baja de la ciudad, que las paredes existentes eran débiles para resistir otra carga y que la superficie era escasa. Propone asimismo un nuevo terreno de una manzana completa, llamada “la Manzana del Campanero”, en el barrio del Retiro. Se encontraba a siete cuadras de la Plaza Mayor, en la calle de la Catedral y tenía las ventajas de ser un barrio más seguro, en mayor altura con mejor vista al río y algo desviado del bullicio y comercio de las calles principales.

Luego de escuchar las divergentes opiniones del Cabildo secular y del Cabildo eclesiástico – el primero se oponía al cambio mientras el segundo era partidario del traslado -, el gobernador aprobó el 25 de septiembre de 1737 la propuesta de Narbona de abandonar lo edificado y adquirir el nuevo predio. Ese mismo año, se compra el nuevo terreno, propiedad de la familia Cueli, manzana hoy limitada por las calles San Martín, Viamonte, Reconquista y Córdoba.

El capitán Juan de Narbona comenzó de inmediato la construcción del nuevo monasterio en la Manzana del Campanero, basándose en los planos originales trazados por el Hno. Bianchi e incorporando algunas modificaciones.

Características arquitectónicas
La Iglesia
El frente original del templo presentaba características típicas del estilo de Bianchi: composición dividida en dos niveles, orden monumental, un ancho basamento, vanos superpuestos enmarcados por cuatro pilastras, todo coronado por un frontón partido. Posteriores reformas modificaron el aspecto de la fachada y el interior del templo.

Con escala correspondiente a una capilla de convento, la iglesia, de planta de cruz latina con una nave central, está compuesta por nártex, tres capillas a cada lado de escasa profundidad, y un crucero sin ábside. La nave está cubierta por bóveda de cañón corrido con lunetas para las ventanas, y una cúpula con linterna cubre la zona del crucero.

A la izquierda del presbiterio, comunicado por una abertura de medio punto con una gran reja del siglo XVIII, se encuentra el Coro bajo. Es un amplio salón rectangular, abovedado en cañón corrido con lunetos. El espacio existente entre el coro bajo y el presbiterio está decorado con unos antiguos azulejos portugueses del siglo XVIII, que representan imágenes de santos, y el perímetro del salón con cerámicos azules y blancos franceses del siglo XIX.

El coro alto, ubicado sobre el nártex, consta de galerías perimetrales que se comunican con la iglesia a través de pequeños óculos, que permitían a las monjas participar de las ceremonias religiosas sin ser vistas. Una gran reja de madera tallada del siglo XVIII adorna el vano del Coro alto.

El retablo mayor, ca. 1776, es de madera tallada, dorada y policromada, con una altura máxima de 12 mts. y un ancho de 8,45 mts. Su autor fue don Isidro Lorea, tallista español, responsable también de los altares mayores de la Catedral y de San Ignacio. Su estilo es una síntesis del barroco, el rococó y el neoclásico.

En 1910 se modificó el interior del templo, se agregaron ocho vitraux y se ubicó la imagen de Santa Catalina de Siena en la fachada. Luego en 1964, la orden dominicana emprendió la restauración procurando devolverle la apariencia del siglo XVIII.

La iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1942.

El Monasterio
El edificio fue construido íntegramente de ladrillo y cal. Está compuesto por dos plantas dominadas por dos imponentes claustros, uno alto y otro bajo, con el correspondiente número de celdas para albergar cuarenta monjas conventuales. La circulación se desarrolla en torno a un patio central.

La planta baja está formada por varias celdas y corredores con techos abovedados. En la planta alta, además de las celdas, se encuentra una pequeña habitación de planta cuadrada, cubierta con una cúpula con linterna, que se comunica visualmente con el presbiterio de la iglesia. Según algunos historiadores, era conocida como la capilla del noviciado.

Entre los trabajos adicionales realizados por el capitán Juan de Narbona – según escribe Andrés Millé – figuran dos pasillos laterales a la iglesia que parten del coro alto, utilizados por las religiosas para observar la misa sin ser vistas. En los pasillos del claustro de la planta alta se encuentran dos cruces moldeadas en el revoque de la pared, detalle característico del constructor. Asimismo, son de su autoría las seis capillas laterales, cinco confesionarios y varias celdas.

Según un informe del licenciado Albarden en 1770, el monasterio se encontraba en muy buenas condiciones, sus celdas altas y bajas, la iglesia, sacristía y coros “muy limpios y hermosos”. Tenía un total de treinta y seis celdas, de las cuales una era el refectorio, otras tres servían de despensa y a continuación una como cocina para la Comunidad, dos servían de noviciado, otras dos como sala de labor, dos de guardarropa y otra como cocina para enfermas. Al ser utilizadas tantas habitaciones para dichos servicios, no había suficientes para dormitorios y las monjas se repartían de a dos y tres por celda.

Originalmente, el ingreso al monasterio estaba ubicado sobre la actual calle San Martín. En el año 1875 se clausuró esa puerta y se edificó la portería en la calle Viamonte, acercándola más a la sacristía para mayor comodidad de la Comunidad y los capellanes.

El monasterio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1975.

La inauguración
Cinco religiosas del Monasterio de Santa Catalina de Siena de la ciudad de Córdoba fueron elegidas Madres fundadoras del convento de Buenos Aires. Las monjas tardaron alrededor de quince días en hacer el trayecto, llegando a Buenos Aires el 25 de mayo de 1745. Debido a que el monasterio aún no estaba terminado, se alojaron provisoriamente en una casa preparada especialmente, con su pequeña clausura y capilla. Allí permanecieron varios meses hasta la solemne inauguración el 21 de diciembre del mismo año.

Ese día, las Madres fundadoras y las cinco postulantes que entraron en esos meses, fueron conducidas en carruajes hasta la Catedral de Buenos Aires donde comenzaron los actos, con la presencia del Gobernador maestre de campo don José de Andonaegui. De allí salieron a pie en procesión hacia el monasterio, acompañadas por los miembros de los dos Cabildos, eclesiástico y secular, y las Ordenes Religiosas de la ciudad, franciscanos, dominicos, jesuitas y mercedarios. El Obispo Fray José de Peralta llevaba personalmente el Santísimo Sacramento descubierto. El pueblo de Buenos Aires estaba de fiesta, las campanas del nuevo monasterio se unían a las de la Catedral y demás templos, las calles estaban adornadas, y las ventanas vestidas con estandartes y tapices. La ciudad permaneció iluminada tres noches en señal de regocijo público. En el monasterio, las fiestas religiosas duraron tres días.

Vida en el monasterio
Las Monjas Catalinas que habitaron el monasterio hasta el año 1974 (en la actualidad lo hacen en el Oeste del Gran Buenos Aires), pertenecen a lo que se denomina la Segunda Orden Dominicana, siendo la Primera Orden la de los Padres Dominicos o Frailes Predicadores. Esta Orden fue fundada por Santo Domingo de Guzmán a principios del siglo XIII. Dedicadas a la vida contemplativa, su ideal es tender a la perfección por medio de la oración y la penitencia.

La clausura de las monjas era absoluta. La Misa Conventual y la Comunión diaria constituían el centro de la vida espiritual del monasterio, regida por la profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia.

De acuerdo con el designio de su fundador, el Presbítero Dr. Dionisio de Torres Briceño, las religiosas de Santa Catalina se caracterizaban por su austeridad. Debían llevar el rostro cubierto con un velo; un vestuario y calzado completamente modestos; y tenían prohibido usar alhajas, relojes, abanicos, rosarios curiosos, y cualquier otro elemento que desmereciera la santa pobreza y desapego con lo material. Asimismo, las celdas debían estar equipadas con lo indispensable.

Como parte de su vida cotidiana, además de dedicarse a la oración, las monjas realizaban diversos trabajos como la encuadernación de libros, restauración de obras de arte, confección de ornamentos religiosos, y sobre todo, bordados y costura. También se dedicaban a la literatura, a la poesía y a la música. Aún se conservan composiciones poéticas de Sor Cayetana del Santísimo Sacramento, y muchas religiosas formaron parte del coro del convento, cantando en las misas solemnes. Otras monjas se desempeñaron como organistas.

Los capellanes también cumplieron un rol importante en la obra del monasterio. La capellanía de Santa Catalina fue siempre la más importante de las ejercidas en Buenos Aires por miembros del clero secular. Fue desempeñada por muchos sacerdotes que después pasaron a ejercer curatos o fueron promovidos a dignidades más elevadas.

Desde que abrió sus puertas al culto divino, la Iglesia Santa Catalina de Siena se convirtió muy pronto en un foco de atracción para los creyentes. Las celebraciones religiosas se distinguieron por su recogimiento, y su púlpito fue siempre frecuentado por los más ilustres oradores sagrados de Buenos Aires, en particular por los de la Orden Dominicana.

El monasterio, protagonista de la historia Argentina
Santa Catalina se encuentra ligada a importantes acontecimientos de la historia argentina.

En 1755 las Monjas Catalinas bordaron el Real Estandarte de la Villa de Luján, a pedido del protector del monasterio, don Juan de Lezica y Torrezuri, gran benefactor de la Villa de Luján y por largos años su Alférez Real. Los estandartes simbólicos representaban a la persona del Rey de España y de las Indias, y la ceremonia de sacarlo a la calle durante actos de gran pompa, constituía un homenaje que significaba sumisión y obediencia a la metrópoli.

Asimismo, junto con las Monjas Capuchinas confeccionaron 4.000 escapularios con la imagen de Nuestra Señora de La Merced para los jefes y soldados del ejército del Norte, liderado por el general Manuel Belgrano, en la época de la Independencia.

A fines del siglo XVIII, Santa Catalina era el lugar elegido por la cofradía de plateros, dedicados al arte de la platería, para celebrar la festividad de su Santo Patrono, San Eloy. Este Santo, nacido en Chatellat, Francia hacia el 587, fue uno de los más bellos ornamentos de la iglesia. La conmemoración se realizaba todos los 1º de diciembre y consistía en una misa cantada con sermón y asistencia de los artesanos.

El monasterio también adquirió protagonismo durante la 2ª Invasión Inglesa, cuando fue tomado como baluarte por las tropas inglesas, junto con Santo Domingo, San Ignacio, La Merced, San Pedro Telmo y el Retiro.

En la mañana del día 5 de julio de 1807, cuando el ejército británico se dispuso a conquistar Buenos Aires, el monasterio fue ocupado por tropas pertenecientes al 5º regimiento inglés. Los atacantes penetraron por la pequeña puerta del comulgatorio que comunica con el coro bajo y permanecieron en Santa Catalina hasta el día 7 del mismo mes.

Encerradas en una celda a oscuras y sin otro alimento que “…el Santísimo Cuerpo de nuestro amabilísimo Redentor Jesucristo en la comunión del día anterior…”14, las religiosas no fueron agredidas físicamente por los soldados. El convento sufrió un destrozo importante: ropas, camas y muebles fueron robados, rotos, o utilizados para los enfermos. El templo fue profanado; rompieron imágenes, robaron adornos y los pocos vasos sagrados que no se habían enterrado.

Tras la rendición de los ingleses el 7 de julio, Santa Catalina, como la mayoría de los conventos y varias casas de familia, se convirtió en un hospital improvisado para asistir a los heridos de ambos bandos.

Durante la reforma eclesiástica impulsada por el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia, en 1821, se suprimieron algunas órdenes religiosas y sus bienes pasaron al Estado. Además, se prescribieron rígidas normas para ingresar a la vida conventual, pero tanto el monasterio de las Catalinas, como el de las Capuchinas o Monasterio de Santa Clara, no formaron parte de la reforma y fueron respetados.

Barrio del Retiro o de las Catalinas
El Monasterio Santa Catalina de Siena creció en el Barrio del Retiro y el barrio con él. El barrio le debe su nombre a la Compañía de Inglaterra “Mar del Sur”, asiento del Mercado de Esclavos, quien lo denominó así porque la Real Cédula que autorizaba su establecimiento estaba dictada en Madrid en el Palacio del Buen Retiro.

A partir del establecimiento del monasterio, también comenzó a ser conocido como el “Barrio de las Catalinas”.

Hasta principios del siglo XIX, se conformaba principalmente por casas-quintas de prestigiosas familias de Buenos Aires. En 1874, el barrio recibió un fuerte impulso comercial con la instalación de la gran empresa “Muelle de las Catalinas” en los terrenos ubicados entre Paraguay y Viamonte, donde se construyó un muelle con líneas férreas y grandes depósitos. Luego, en 1889 se levantó frente al monasterio el famoso edificio del “Bon Marché”, que posteriormente fue adquirido por el ferrocarril del Pacífico y hoy está ocupado por el centro comercial Galerías Pacífico.

Asimismo, el Barrio de las Catalinas adquirió una importancia social extraordinaria después de la caída de Rosas, cuando se radicaron en la zona las principales familias de Buenos Aires que antes vivían al sur de la Plaza Mayor, en el barrio del Convento de Santo Domingo

Febrero 6, 2008

Iglesia de San Juan Bautista

Dirección: Adolfo Alsina y Piedras Montserrat

Referencias Históricas y Testimoniales: La primer iglesia fue construida en 1719 por donación del Maestro de Campo de Milicias don Juan de San Martín, Fue Iglesia para Curato de Indios.

En 1749 habían llegado a Buenos Aires, procedentes de Chile y España, veinte religiosas Clarisas que se alojaron primero en la pensión de Salvador del Castillo y luego en la primitiva iglesia de San Nicolás. En 1754 se mudaron al nuevo Convento de Nuestra Señora del Pilar, en San Juan Bautista, donde las hermanas de la congregación vivieron en clausura hasta 1982. Hoy se pueden ver el torno, el locutorio, las salas del coro y el antecoro, los confesionarios y el comulgatorio-datan del siglo XVIII-, que se abría a través de la reja que comunica con el templo. El 29 de septiembre de 1777 se colocó la piedra fundamental del templo que fue inaugurado el 15 de agosto de 1795, con fuegos artificiales que accidentalmente rozaron el vecino Teatro de La Ranchería, ubicado a dos cuadras de allí. El mismo estaba construido con paredes de adobe y techo de paja motivo por el cual terminó destruyéndose por completo

En el patio de la casa parroquial, llamado de la Reconquista, están enterrados los combatientes de las Invasiones de 1806 y 1807, tanto patriotas como ingleses. En esa epoca la iglesia funciono como hospital y las monjas atendieron a patriotas e ingleses por igual. En ese patio observamos una imagen de Santa Clara de Asis.

La iglesia es de nave única, cubierta por una bóveda de cañón corrido; sobre el transepto se alza una gran cúpula ciega. Se conserva aún la capilla privada desde donde las Capuchinas escuchaban misa.

La fachada, realizada en 1895 por J.M.Belgrano, y rehecha por Rómulo Ayerza, presenta un gran arco central con rosetón y vitrales, coronado por un frontis, está acompañada por torres asimétricas.

El retablo del altar mayor, del siglo XVIII, fue dañado en los incendios de 1955. Al restaurarlo, treinta años más tarde, se separó la mesa para oficiar la misa de cara al pueblo. En la composición de la fachada, realizada en 1895 por J. M. Belgrano en líneas neorrománicas y posteriormente rehecha por Rómulo Ayerza, se destaca el gran arco central con rosetón y vitrales, coronado por un frontis con pequeños arcos pensiles. La flanquean torres asimétricas, distintas en tamaño, forma y altura

La Iglesia de San Juan Bautista es uno de los primeros lugares desde donde realizaron su labor apostólica a favor de los vascos instalados en el Río de la Plata (Buenos Aires, campaña bonaerense y Uruguay) los sacerdotes de Betharram -o padres bayoneses- al llegar a la Argentina en 1856.

Todavía se conserva la capilla desde donde las Capuchinas escuchaban misa, desde que ellas llegaron de Italia en 1747, al pasar la iglesia al Convento de dichas monjas.

San Juan Bautista-Monumento Histórico Nacional- no es parroquia. Depende de la iglesia Nuestra Señora de Montserrat. Su imponente interior y fachada con dos torres( en una de las cuales se observa un reloj que funciona) y un vitral-rosetón, datan de 1901, cuando el templo fue restaurado por el arquitecto Rómulo Ayerza. Presiden el altar mayor la Virgen del Pilar y Nuestra Señora de Lourdes; entre ambas, San Juan Bautista; a los costados, varias imágenes de santas que pertenecieron a la Orden de San Francisco

Las Hormigas del Virrey

El 22 de abril de 1797 fue enterrado en el Altar Mayor de la iglesia de San Juan Bautista, el quinto virrey del Río de la Plata, don Pedro Melo de Portugal y Villena, fallecido repentinamente en ejercicio de su mandato. Siguiendo su voluntad, fue sepultado con el hábito de Santiago, sosteniendo su espada por la empuñadura, a la altura del pecho.

El alto funcionario mandó esculpir sobre su lápida: “Aquí yace, por afecto a las vírgenes esposas de Jesucristo, el Exmo. Señor D. Pedro Melo de Portugal y Villena”, aclarando que había fallecido a los 63 años, 11 meses y 16 días.

En 1910, el capellán D. Pedro Sardoy, siguiendo el rastro de las hormigas, llegó hasta la tumba del virrey, descubriendo que las mismas habían anidado en su cráneo y que en sus manos, sostenía la regia espada.

Fue entonces que, una vez aniquilados los insectos, se le retiró la empuñadura (reemplazada por una de hierro) y con su oro, se fundió una rica patena de celebración sacramental.

Edificio

San Juan Bautista-Monumento Histórico Nacional- no es parroquia. Depende de la iglesia Nuestra Señora de Montserrat. Su imponente interior y fachada con dos torres(en una de las cuales se observa un reloj que funciona) y un vitral-rosetón, datan de 1901, cuando el templo fue restaurado por el arquitecto Rómulo Ayerza. Presiden el altar mayor la Virgen del Pilar y Nuestra Señora de Lourdes; entre ambas, San Juan Bautista; a los costados, varias imágenes de santas que pertenecieron a la Orden de San Francisco

El piso conserva su estructura original de troncos canteados a mano con hacha, sobre los que se colocaron ladrillos y baldosas. La imagen del Nazareno vestido que se observa junto a una puerta lateral( del siglo XVIII, como la Virgen con el Niño y Nuestra Señora de Belén) es una réplica del original, prácticamente destruido por el fuego del 16 de junio de 1955, como la puerta del tabernáculo.( Se dice que una morena que trabajaba en la casa donde se encontraba el Cristo oyó su voz, pidiendo ser llevado a la iglesia de San Juan.) La corona y el corazón de plata de la Virgen Dolorosa, ubicada ante el altar de las reliquias, y el Niño Jesús que sostiene la Virgen del Carmen, entre otras piezas, además de manteles , candelabros y hasta floreros, han sido sistemáticamente sustraídos , por lo que la iglesia permanece cerrada por las tardes.

EL TAPIZ HISTORICO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

De una excelente exposición pronunciada por el profesor Diego del Pino en las XVII Jornadas de Historia de Vicente López, el 23 de agosto del 2003, extraemos el presente relato que hace referencia a uno de los tesoros más valiosos de la ciudad de Buenos Aires

En 1580 reinaba en España Felipe II “el Prudente”, por entonces el monarca más poderoso de la Tierra. Este soberano encomendó a los grandes maestros tapiceros de “Bruselas Bravante”, en los Países Bajos, un bello tapiz decorativo inspirado en un motivo religioso del Tiziano: “La Adoración de los Reyes Magos” (1559), remitiendo para ello una copia en cartón.

Los orfebres trabajaron sin descanso y al cabo de un tiempo, finalizada su labor, enviaron la obra a la corte, donde fue colocada en una pared del Palacio Real, bien a la vista de todos.

En 1657 Felipe IV obsequió el tapiz a las Clarisas de Madrid, religiosas capuchinas de la Orden de San Francisco, quienes recibieron el presente con entusiasmo, colocándolo junto al coro bajo, donde estuvo expuesto hasta 1808, época de Fernando VII.

Este monarca, tan ligado a nuestra historia patria, decidió homenajear al gobernador de las Islas Filipinas enviándole de regalo el magnífico tapiz y hacia tan remoto destino lo despachó a bordo de un buque de su armada en 1815.

Ocurrió que en las islas Canarias, la nave se topó con el “Vigilancia” “Vigilancia”, buque corsario argentino que al comando de Walter Davies Chitty, cuñado del Almirante Brown, la capturó y se hizo de su carga.

Una vez en Buenos Aires, el “Vigilancia” desembarcó el botín y siguiendo la costumbre de la época, el gobierno porteño lo declaró “buena presa” para ponerlo a remate público. Y entre la mercancía subastada se hallaba el fabuloso tapiz de siete metros de largo por cinco de alto.

Ocurrió que el canónigo de nuestra catedral, Pbro. Dr. Pedro Pablo Vidal, se interesó por la magnífica obra de arte, pagando por ella la suma de 19 onzas de oro (equivalente a once mexicanos del mismo metal), importe que abonó en “pelucones”, monedas de uso corriente, así llamadas por representar al monarca español con una gran peluca.

El sacerdote, que mucho sabía de arte y algo de tapices, comprendió desde el primer momento que aquella textura, sus vivos colores y la justeza de su copiado, eran evidencia de que se hallaba frente a una pieza de incalculable valor y en vista de ello, tras determinar su autenticidad, la envió como obsequio al Convento de Santa Clara, a cargo de las hermanas capuchinas.

En años posteriores, una de las religiosas, apiadándose de las monjas ancianas que en pleno invierno debían arrodillarse en el piso helado durante las misas, decidió hacer unos tapetes ¡¡cortando varios rectángulos del tapiz!!. En otro momento, al romperse un vitral lateral, las hermanas no tuvieron mejor idea que cubrir el boquete con lo que quedaba de la tela, a efectos de que la lluvia, el granizo y la humedad no estropeasen el antiguo órgano del templo.

Alrededor de 1870, siendo abadesa la Madre Carmen, llegaron a Buenos Aires directivos de la fábrica de gobelinos de París, con la misión de certificar la tanto la antigüedad como la autenticidad de la pieza.

Poco después, una dama de la sociedad que visitaba el Santuario de Lourdes, escribió al capellán diciendo: “Mucho cuidado con el gobelino. Le han seguido la pista y ahora la dirección de la Manufactura lo quiere comprar a cualquier precio para incorporarlo a su museo. Ya saben que ‘La Adoración de los Reyes Magos’ es de los tiempos del rey Felipe II de España”.

Corroborando lo dicho, llegó a Buenos Aires un individuo de marcado acento francés que pasó largas horas en el templo contemplando el tapiz con sus prismáticos, desde el Altar Mayor. El individuo en cuestión abordó al capellán y le hizo una oferta, ofreciendo por la pieza el precio que fuera. La cifra propuesta alcanzaba para reparar totalmente tanto la iglesia como el convento y con el sobrante, se podía adquirir toda la manzana. Pero como dice el profesor Del Pino, el codiciado tapiz no se vendió.

En oportunidad en que un religioso argentino visitaba la Manufactura de Gobelinos en París, célebre casa fundada por el gran maestro francés Giles Gobelin, manifestó a su guía que existía en Buenos Aires un tapiz mucho más grande y antiguo que los que se exponían allí. Al escuchar eso el guía le aconsejó hablar con los directivos de la fábrica quienes, después de oírlo, le explicaron que “La Adoración de los Reyes Magos” hacía mucho que era buscado y que se lo había dado por perdido. La Manufactura también ofreció comprar la pieza sin discutir el precio pero, para fortuna de nuestro patrimonio, la operación no se concretó.

En pleno siglo XX, el cardenal Juan Carlos Aramburu supo que las Clarisas proyectaban vender el tapiz, necesitadas como estaban de dejar el Convento para pasar a otro que acababan de construir en la localidad de Moreno. Y fue entonces que lo hizo retirar para colocarlo en el majestuoso palacio de la Conferencia Episcopal Argentina, Suipacha 1034, previa tarea de restauración por expertos maestros artesanos.

La magnífica obra fue colgada en la sala principal del primer piso y allí permanece a buen resguardo, hasta nuestros días.

Buenos Aires posee tesoros desconocidos. El tapiz histórico de la Conferencia Episcopal es uno de ellos, rescatado del olvido, la desaprensión y la indiferencia por uno de los más importantes cardenales que han regido a la iglesia argentina.

Datos

Proyectista: Arquitectos J. M. Belgrano (1895); Rómulo Ayerza (princ. siglo XX)
Año de proyecto: 1769
Año de inauguración: 1797
Corriente estilística: Neorrománico
Estado de conservación: Bueno.
Protección Nacional: Monumento Histórico Nacional
Protección Municipal: Catalogado Integral

Febrero 5, 2008

Basílica de San Francisco



Dirección: Adolfo Alsina 336
Montserrat

Referencias Históricas y Testimoniales:
Se tiene constancia que en el año 1587 estaban los Franciscanos desempeñando el sagrado ministerio en la ciudad de Buenos Aires y trabajando iglesia y convento en el solar que les asignara Juan de Garay en 1583 donde está ubicada la actual Basílica .

La primera construcción de la iglesia y del convento se inicio inmediatamente. Era de adobe como lo eran las de ese entonces.

En 1604, el obispo del Paraguay, Fray Martín Ignacio de Loyola, Franciscano, mando construir un nuevo convento e iglesia y esta se levantaba donde hoy se encuentra la capilla de San Roque.

A comienzos del siglo XVIII (en 1731) los obispos Franciscanos Fray Gabriel y Fray Juan de Arregui, hermanos carnales y de religión, resolvieron construir una nueva iglesia mas grande, que es la que actualmente existe. La misma se realizó sobre un proyecto del arquitecto jesuita Andres Blanqui, secundado por el sevillano Fray Vicente Muñoz

El 25 de marzo de 1754 la iglesia fue abierta al público y bendecida por Fray Bernardo de Molina. Y el 28 de septiembre de 1783 fue solemnemente consagrada por el obispo franciscano de Buenos Aires, Fray Sebastián Malvar y Pinto.

En 1807 se derrumbó la fachada, reconstruida unos años más tarde por Tomás Toribio.

En el atrio del convento adyacente, el 1º de diciembre de 1829, fue depuesto el Gobernador de Buenos Aires, don Manuel Dorrego. El pueblo fue llamado a reunirse en el atrio de la Capilla de San Roque y de la Iglesia de San Francisco por el General Juan Lavalle, donde se realizó la llamada “elección del sombrero”, que lo nombró gobernador.

La Basílica adquirió su imagen actual hacia 1911, por obra del Arq. alemán Ernesto Sackman, que, inspirado en el barroco bávaro, alteró su severidad neoclásica. Las fachadas, sobre todo la principal, son muy elaboradas, destacándose las torres, las rejas del atrio y de la portada, y la cúpula. La iglesia es de nave única, muy alargada, con capillas laterales poco profundas y presbiterio con testero recto. La cúpula se eleva sobre un alto tambor octogonal.

El altar derecho del crucero es el único original; los de las capillas laterales son de 1911

El 8 de enero de 1919, el papa Benedicto XV concedió a esta iglesia el título de Basílica Menor. Por decreto del poder Ejecutivo Nacional Nº120.412 del 21 de mayo de 1942 la iglesia de San Francisco y el convento fueron declarados Monumento Histórico Nacional.

Fue una de las iglesias más afectadas en los incendios del 16 junio de 1955 realizado grupos radicalizados del partido justicialista en supuesta represalia por el bombardeo militar a la Plaza de Mayo por una facción disidente de las Fuerzas Armadas. En ese incendio se destruyó totalmente el altar mayor. La restauración posterior simplificó cromáticamente el interior, y en lugar del retablo destruido, se colocó el tapiz diseñado Horacio Butler, “La glorificación de San Francisco”, segundo en el mundo por su tamaño, después del de la Catedral de Coventry de Gran Bretaña, sirve de fondo al altar mayor mide 8 por 12 metros y el Púlpito hecho en madera tallada de color dorado y estilo puramente rococó

Nave más larga de Buenos Aires:

La Iglesia se comenzó a construir en 1726, siguiendo los planos del sacerdote jesuita Andrés Bianchi y fueron ejecutados bajo la competente dirección de Fray Vicente Muñoz. Mide 87 metros de largo, 12 metros de ancho y 18 de alto. Este es el tercer templo que custodiaría la Orden Franciscana ya que el primer templo construido precariamente en el solar que le asignara Juan de Garay en 1583 a la Orden Franciscana debió sustituirse por el segundo templo que data de 1604 en el lugar que hoy ocupa la capilla de San Roque la consagra en obispo Fray Martín Ignacio de Loyola. Ya antes de ser mitrado, había sido huésped del convento en tiempos de San Francisco Solano. Era hijo de Andrés Martínez de Maella y de María Usua de Loyola, hermana de Ignacio Loyola, fundador de la compañía de Jesús.

Algunos historiadores sostienen que en la tercera fundación de la iglesia de San Francisco, pudo haber intervenido San Francisco Solano en persona. Por aquellos tiempos, Fray Francisco Solano era Custodio de la provincia de San Jorge del Tucumán y del Río de La Plata, y visitó Buenos Aires, donde predicó y bendijo la piedra fundamental de ese segundo templo franciscano, que fue una de las construcciones anteriores a la actual.

Esta iglesia es la más larga de una sola nave en Buenos Aires. Y su construcción llevo 26 años en concluirse. El estilo fue modificándose con cada reconstrucción. El templo fabricado entre los años 1713-1726

La Fachada

La figura central de la fachada de la Basílica es San Francisco, fundador de la Orden, curiosamente el único santo reconocido por la Iglesia presente entre estas imágenes, rodeado por tres famosos personajes de la historia, que eran laicos y pertenecieron a la tercera Orden Franciscana: Cristóbal Colón, descubridor de América, que es la figura que observamos postrada ante el Santo portando un estandarte, Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia, obra en la que tiene lugar un encuentro entre el Santo y Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Predicadores, o frailes dominicos, con un libro en su mano, a la izquierda, y el Giotto, pintor de retratos notables del Santo y de los frescos de la Basílica de Asís, con la paleta de colores, a la derecha

La Capilla del Santisimo Sacramento

Esta capilla, ahora dedicada al Santísimo Sacramento, fue originalmente la sala de “De profundis”, así llamada por ser el lugar en el que los religiosos, antes de pasar al comedor para la refacciones del mediodía y de la noche, rezaban el salmo 129, como responsorio por el eterno descanso de los hermanos difuntos.

En la gran reforma de principios del siglo XX, fue transformada a capilla del Santísimo Sacramento, y toda la iconografía está referida a la Eucaristía.

La Sacristía

Todos los muebles de madera que ocupan la sacristía son reconstrucciones fieles de los originales realizados por el señor Julio Kortkamp, los cuales se perdieron durante la quema de 1955. Podemos observar en ellos el viejo confesionario de los hombres, que lo hacían cara a cara con los sacerdotes hasta la reforma litúrgica impuesta por el Concilio Vaticano II, desde 1963.

Este es el recinto donde los sacerdotes y auxiliares litúrgicos, monaguillos, turiferarios, etc., se preparan y se visten para las ceremonias sagradas, así como también se preparan los elementos a ser utilizados en ellas.

Iluminan el recinto dos formidables arañas, construidas en cobre y que tienen decenas de lámparas.

APH1: San Telmo y Av. de Mayo
Propietario actual: Orden Franciscana Seglar (1822)
Propietario original:Orden Franciscanos (1580)
Proyectista: Blanqui Andres, Arquitecto, Fray Vicente Muñoz
Año de proyecto: 1730
Año de inauguración: 1754
Corriente estilística: Academicismo
Uso actual: Culto
Estado de conservación: Bueno

Protección Nacional: Monumento Histórico Nacional
Protección Municipal: Catalogado Integral

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Febrero 4, 2008

¡Hola, mundo!

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Montserrat – Iglesia de San Ignacio

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Dirección: Bolivar 225.

Referencias Históricas y Testimoniales: Esta Iglesia, es la más antigua de Buenos Aires

Durante el gobierno de Hernandarias llegan los jesuitas a Buenos Aires en 1608. Edificaron en el cuarto Noreste de lo que es hoy la Plaza Mayor la primera iglesia y colegio de Buenos Aires, ambos de adobe y techos de junco, método primitivo utilizado ya que la zona carecia de bosques para extraer madera y serranias para utilizar piedra.

En 1686, con el producido de los primeros hornos de ladrillos en Buenos Aires, comenzaron a levantarse la torre sur y los muros del frente de la iglesia.

Nació bajo la advocación de Nuestra Señora del Loreto, pero en 1610, un año después de la beatificación de San Ignacio de Loyola, toma su nombre.

En 1661, por razones de seguridad y defensa del fuerte, los jesuitas deben abandonar la construcción de la Plaza de Mayo. Ese año Doña Isabel Caravajal, viuda de Gonzalo Martel de Guzmán, dona a la Compañía de Jesús el solar delimitado por las actuales calles Perú, Moreno, Alsina y Bolívar. Allí construyen una nueva iglesia, también de adobe, terminada en 1675, fecha que puede leerse en el trozo de mármol hallado en las remodelaciones del siglo XIX y que fue colocaro en el claustro parroquial.

Al lado de la iglesia, sobre la actual calle Bolivar, los jesuitas construyeron el Colegio San Ignacio o Colegio Grande, llamado Real Colegio de San Carlos, después de la expulsión de los jesuitas y mas tarde, en 1863, Colegio Nacional Buenos Aires.

En 1710 el superior de la compañía encarga a Juan Krauss la construcción de un nuevo templo y colegio. En 1722 la iglesia es inaugurada aún sin terminar y el 7 de octubre de 1734 es consagrada. Graus fue el arquitecto inicial (1712-14) y lo sucedieron: Juan Wolf (1714-20), Juan Bautista Prímoli, Andrés Blanqui (1723-30) y Pedro Werger (1731-33).

Desde 1712, según planos del jesuita Juan Krauss, comenzó a edificarse la iglesia actual, que conserva aquella torre sur y muro frontal originales: junto con un tramo de galería subterránea del desaparecido Fuerte, son los elementos arquitectónicos más antiguos de la ciudad.

La construcción fue dirigida por el propio Krauss hasta 1714. Luego continuo Juan Wolf (maestro carpintero) hasta 1720. Entre 1723 y 1730 los Coadjutores fueron los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli y Pedro Weger (maestro de herrería) estuvo a cargo de 1731 al 33. La iglesia se inauguró en 1722 y se consagró, ya terminada, el 7 de octubre 1734.

En 1767 se produce la expulsión de los jesuitas por orden del rey Carlos III. Los bienes pasan a ser administrados por la Junta de Temporalidades y el templo permanece cerrado por tres años. Entre 1775 y 1791 San Ignacio funciona como catedral provisoria por las obras de reparación que necesitaba la iglesia principal.

En 1806 y 1807 las tropas invasoras inglesas intentan tomar el templo, como habían hecho con otros de la ciudad pero son rechazados por los defensores. Terminada la Defensa, se celebran allí unas solemnes exequias por los muertos.

En 1821 se realiza la inauguración de la Universidad de Buenos Aires, y en 1823 de la Sociedad de Beneficencia que hasta 1830 entregaban los premios a la Virtud.

En 1823 vuelve a ser Catedral provisional y en 1830 comenzó a funcionar como parroquia al haberse dividido la de Catedral en Catedral Norte y Catedral Sur. Regresan los jesuitas a Buenos Aires en 1836 y son nuevamente expulsados en 1843.

Durante ese período ocuparon esta Iglesia, compartiendo las dependencias con el Obispo y con la Curia Eclesiástica que se encontraban allí por el mal estado del edificio de la Catedral.

La iglesia, que responde a la tipología originada en Il Gesú de Roma (Arq. Vignola, siglo XVI), Se organiza con una nave cubierta por bóveda, flanqueada por cinco capillas laterales comunicadas a través de arcadas sobre las que corre una galería alta, detalle poco común, que no se repite en la Buenos Aires del siglo XVIII y que daba a San Ignacio una doble capacidad que era necesaria para recibir al alumnado del Colegio y fue aprovechada para realizar en el templo numerosos actos y celebraciones, incluso Cabildos Abiertos.

Características singulares de San Ignacio, que comparte únicamente con la Catedral de Montevideo (Uruguay), son la cúpula sobre tambor cuadrangular, en el crucero, y la doble altura de las naves laterales. La fachada, cuya autoría se discute, muestra influencia del barroco bávaro.

El Ingeniero Felipe Senillosa en 1850 le agregó la torre norte, similar a la sur, ambas rematadas por cupulines revestidos en azulejos Pas de Calais.

El altar mayor, original del siglo XVII, fue tallado en madera y dorado por Isidro Lorea. Fue mandando a hacer por la “Congregación del Apóstol Santiago el Mayor, de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia” .

Una vez realizado el altar, ante la insuficiencia de dinero de la cofradía para solventarlo, uno de sus integrantes, Pablo Vilariño, se ofrece para terminar de pagarlo. El altar se finaliza y se instala pero Vilariño no puede pagar la deuda en ese momento, por lo tanto otro cofrade, José Fernández de Castro -quien sería el segundo comandante del Tercio de Gallegos-, lo reemplaza a condición que luego se lo retribuya. Como eso no sucede se inicia un pleito judicial que termina en 1806 cuando Castro recibe el dinero de Vilariño y este lo obtiene de la Congregación, saldándose así todas las deudas. Gracias a este conflicto judicial se conocen los detalles de la contratación y realización del altar, como por ejemplo todavía se conserva en el Archivo General de la Nación el diseño original realizado por Juan Antonio Gaspar Hernández.

El 21 de mayo de 1942 la iglesia es declarada Monumento Histórico Nacional por decreto nº 120.412

El 16 de junio de 1955 varias iglesias del centro porteño sufrieron incendios intencionales por parte de grupos radicalizados del partido Justicialista en represalia por el bombardeo realizado sobre la Plaza de Mayo por las fuerzas armadas disidentes con el Juan Domingo Peron. En esa ocasión varias imágenes originales se quemaron y diversos objetos fueron saqueados.

Observaciones:
El edificio se terminó en el año 1734, siendo la más antigua de la Ciudad de Buenos Aires, aún hoy conserva la torre sur y el muro frontal original. Tiene la planta en cruz latina, con una nave principal y dos laterales, con cinco capillas y ábside rectangular. La fachada tiene influencias del barroco bávaro. Fue completada a mediados del siglo XIX agregándose la torre norte, similar a la sur, rematadas ambas por cupulines revestidos en azulejos Pas de Calais. Su altar mayor, original del siglo XVII, fue tallado en madera y dorado por Isidro Lorea.

Datos:

Propietario actual: Arzobispado de Buenos Aires
Proyectista: Krauss. Juan Arquitecto Senillosa Felipe. Ingeniero
Año de proyecto: 1712
Constructor: Blanqui / Primoli
Año de construcción: 1722
Año de inauguración: 1734
Corriente estilística: Colonial
Estado de conservación: Bueno

Protección Nacional: Monumento Histórico Nacional
Protección Municipal: Catalogado Integral

Enero 31, 2008

Iglesia de San Ignacio

Dirección: Bolivar 225.

Referencias Históricas y Testimoniales: Esta Iglesia, es la más antigua de Buenos Aires

Durante el gobierno de Hernandarias llegan los jesuitas a Buenos Aires en 1608. Edificaron en el cuarto Noreste de lo que es hoy la Plaza Mayor la primera iglesia y colegio de Buenos Aires, ambos de adobe y techos de junco, método primitivo utilizado ya que la zona carecia de bosques para extraer madera y serranias para utilizar piedra.

En 1686, con el producido de los primeros hornos de ladrillos en Buenos Aires, comenzaron a levantarse la torre sur y los muros del frente de la iglesia.

Nació bajo la advocación de Nuestra Señora del Loreto, pero en 1610, un año después de la beatificación de San Ignacio de Loyola, toma su nombre.

En 1661, por razones de seguridad y defensa del fuerte, los jesuitas deben abandonar la construcción de la Plaza de Mayo. Ese año Doña Isabel Caravajal, viuda de Gonzalo Martel de Guzmán, dona a la Compañía de Jesús el solar delimitado por las actuales calles Perú, Moreno, Alsina y Bolívar. Allí construyen una nueva iglesia, también de adobe, terminada en 1675, fecha que puede leerse en el trozo de mármol hallado en las remodelaciones del siglo XIX y que fue colocaro en el claustro parroquial.

Al lado de la iglesia, sobre la actual calle Bolivar, los jesuitas construyeron el Colegio San Ignacio o Colegio Grande, llamado Real Colegio de San Carlos, después de la expulsión de los jesuitas y mas tarde, en 1863, Colegio Nacional Buenos Aires.

En 1710 el superior de la compañía encarga a Juan Krauss la construcción de un nuevo templo y colegio. En 1722 la iglesia es inaugurada aún sin terminar y el 7 de octubre de 1734 es consagrada. Graus fue el arquitecto inicial (1712-14) y lo sucedieron: Juan Wolf (1714-20), Juan Bautista Prímoli, Andrés Blanqui (1723-30) y Pedro Werger (1731-33).

Desde 1712, según planos del jesuita Juan Krauss, comenzó a edificarse la iglesia actual, que conserva aquella torre sur y muro frontal originales: junto con un tramo de galería subterránea del desaparecido Fuerte, son los elementos arquitectónicos más antiguos de la ciudad.

La construcción fue dirigida por el propio Krauss hasta 1714. Luego continuo Juan Wolf (maestro carpintero) hasta 1720. Entre 1723 y 1730 los Coadjutores fueron los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli y Pedro Weger (maestro de herrería) estuvo a cargo de 1731 al 33. La iglesia se inauguró en 1722 y se consagró, ya terminada, el 7 de octubre 1734.

En 1767 se produce la expulsión de los jesuitas por orden del rey Carlos III. Los bienes pasan a ser administrados por la Junta de Temporalidades y el templo permanece cerrado por tres años. Entre 1775 y 1791 San Ignacio funciona como catedral provisoria por las obras de reparación que necesitaba la iglesia principal.

En 1806 y 1807 las tropas invasoras inglesas intentan tomar el templo, como habían hecho con otros de la ciudad pero son rechazados por los defensores. Terminada la Defensa, se celebran allí unas solemnes exequias por los muertos.

En 1821 se realiza la inauguración de la Universidad de Buenos Aires, y en 1823 de la Sociedad de Beneficencia que hasta 1830 entregaban los premios a la Virtud.

En 1823 vuelve a ser Catedral provisional y en 1830 comenzó a funcionar como parroquia al haberse dividido la de Catedral en Catedral Norte y Catedral Sur. Regresan los jesuitas a Buenos Aires en 1836 y son nuevamente expulsados en 1843.

Durante ese período ocuparon esta Iglesia, compartiendo las dependencias con el Obispo y con la Curia Eclesiástica que se encontraban allí por el mal estado del edificio de la Catedral.

La iglesia, que responde a la tipología originada en Il Gesú de Roma (Arq. Vignola, siglo XVI), Se organiza con una nave cubierta por bóveda, flanqueada por cinco capillas laterales comunicadas a través de arcadas sobre las que corre una galería alta, detalle poco común, que no se repite en la Buenos Aires del siglo XVIII y que daba a San Ignacio una doble capacidad que era necesaria para recibir al alumnado del Colegio y fue aprovechada para realizar en el templo numerosos actos y celebraciones, incluso Cabildos Abiertos.

Características singulares de San Ignacio, que comparte únicamente con la Catedral de Montevideo (Uruguay), son la cúpula sobre tambor cuadrangular, en el crucero, y la doble altura de las naves laterales. La fachada, cuya autoría se discute, muestra influencia del barroco bávaro.

El Ingeniero Felipe Senillosa en 1850 le agregó la torre norte, similar a la sur, ambas rematadas por cupulines revestidos en azulejos Pas de Calais.

El altar mayor, original del siglo XVII, fue tallado en madera y dorado por Isidro Lorea. Fue mandando a hacer por la “Congregación del Apóstol Santiago el Mayor, de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia” .

Una vez realizado el altar, ante la insuficiencia de dinero de la cofradía para solventarlo, uno de sus integrantes, Pablo Vilariño, se ofrece para terminar de pagarlo. El altar se finaliza y se instala pero Vilariño no puede pagar la deuda en ese momento, por lo tanto otro cofrade, José Fernández de Castro -quien sería el segundo comandante del Tercio de Gallegos-, lo reemplaza a condición que luego se lo retribuya. Como eso no sucede se inicia un pleito judicial que termina en 1806 cuando Castro recibe el dinero de Vilariño y este lo obtiene de la Congregación, saldándose así todas las deudas. Gracias a este conflicto judicial se conocen los detalles de la contratación y realización del altar, como por ejemplo todavía se conserva en el Archivo General de la Nación el diseño original realizado por Juan Antonio Gaspar Hernández.

El 21 de mayo de 1942 la iglesia es declarada Monumento Histórico Nacional por decreto nº 120.412

El 16 de junio de 1955 varias iglesias del centro porteño sufrieron incendios intencionales por parte de grupos radicalizados del partido Justicialista en represalia por el bombardeo realizado sobre la Plaza de Mayo por las fuerzas armadas disidentes con el Juan Domingo Peron. En esa ocasión varias imágenes originales se quemaron y diversos objetos fueron saqueados.

Observaciones:
El edificio se terminó en el año 1734, siendo la más antigua de la Ciudad de Buenos Aires, aún hoy conserva la torre sur y el muro frontal original. Tiene la planta en cruz latina, con una nave principal y dos laterales, con cinco capillas y ábside rectangular. La fachada tiene influencias del barroco bávaro. Fue completada a mediados del siglo XIX agregándose la torre norte, similar a la sur, rematadas ambas por cupulines revestidos en azulejos Pas de Calais. Su altar mayor, original del siglo XVII, fue tallado en madera y dorado por Isidro Lorea.

Datos:

Propietario actual: Arzobispado de Buenos Aires
Proyectista: Krauss. Juan Arquitecto Senillosa Felipe. Ingeniero
Año de proyecto: 1712
Constructor: Blanqui / Primoli
Año de construcción: 1722
Año de inauguración: 1734
Corriente estilística: Colonial
Estado de conservación: Bueno

Protección Nacional: Monumento Histórico Nacional
Protección Municipal: Catalogado Integral

Enero 29, 2008

Basílica Nuestra Señora del Rosario, Convento de Santo Domingo

Dirección: Defensa 422 Montserrat

Referencias Históricas y Testimoniales: Tras la llegada a Buenos Aires de la orden religiosa de los Dominicos, en 1602, los padres Fray Cabezas y Fray Juan Beloso permutan a la Orden de los Mercenarios un Solar en donde comienzan la construcción del primer templo, bajo la advocación de Nuestra Señora del Santísimo Rosario.

Comenzó a construirse en el año 1751. y se inauguró parcialmente en 1773. Es una de las iglesias que mejor conserva las líneas originales, con su planta jesuítica de tres naves y sus capillas laterales de poca profundidad.

En 1762 se hizo cargo de las obras el alarife Francisco Álvarez y desde 1774 el Arquitecto Manuel Álvarez de Rocha

Un mausoleo en el atrio, aloja los restos del estadista, general y creador de la bandera Argentina Don Manuel Belgrano, quien fue sepultado con el hábito de la orden de los dominicos. La obra pertence al escultor Héctor Ximenes y fue realizada en 1897.

Se eligio ese lugar para guardar sus restos ya que el cursó sus estudios primarios la escuela del convento. Ademas fue un ferviente devoto de la Virgen del Rosario. Hay historiadores que aseguran que los colores de la bandera Argentina fueron elegidos por Belgrano en honor a la virgen.

En el camarin del templo se guardan celosamente las banderas tomadas por Liniers a los ingleses durante la primera invasion inglesa a Buenos Aires en 1806.

otras dos conquistadas por Manuel Belgrano a los españoles en su campaña al Alto Perú.

En su torre se ven claramente las huellas de las balas resultantes de la segunda invasión inglesa (1807), cuando los soldados del general Whitelocke se dirigieron al convento, ascendieron la escalera hasta llegar a la torre y de ahí comenzaron a disparar

Sus mejores joyas han desaparecido en el incendio del 16 de junio de 1955, cuando grupos radicalizados del peronismo incendiaron iglesias en represalia al bombardeo realizado por las fuerzas armadas sobre la Plaza de Mayo.

Tres veces se derrumbó y la volvieron a levantar. La primera fue en 1626, la segunda fue en 1677 y la última fue como resultado de la quema de iglesias en 1955

La escalera es un elemento único de la arquitectura colonial. Sus escalones están fabricados en una sola pieza de madera cada uno, con una baranda realizada en hierro forjado de raro dibujo. Una pequeña y elegante cúpula cubre la caja, que puede verse desde la calle

En 1823 Bernardino Rivadavia, primer presidente de los Argentinos, decretó que la iglesia fura utilizada como Museo de Historia Natural, bajo la dirección del botánico italiano Pablo Ferrari y se instaló un observatorio astronómico en la torre. En 1856 se terminó de construir la segunda torre

Observaciones:
Tiene tres naves, la central con bóveda de cañón corrido y cúpula sobre crucero. En las capillas laterales se conservan retablos de los siglos XVIII y XIX. Tres arcos con rejas dan acceso al nártex; y otras dos, bajo las torres. En su interior ha sido alterada la nave principal con la incorporación de revestimientos de mármol esculpido.

En 1955 fue destruido el altar mayor, siendo reemplazado por uno de diseño contemporáneo.

Datos:

Propietario actual: Arzobispado de Buenos aires
Proyectista: Francisco Masella, Arquitecto
Año de proyecto: 1751
Año de construcción:
1754

Año de inauguración: 1779Corriente estilística: NeoclasicismoUso actual: Culto
Uso original: Culto
Estado de conservación: Bueno.

Enero 28, 2008

Basílica Sagrado Corazón

Dirección: Av. Velez Sarsfield 1373 Barracas

Referencias Históricas y Testimoniales: Hacia fines del siglo XIX, estos terrenos ubicados al oeste del barrio de Barracas pertenecían a la familia Pereyra Iraola. Allí comenzó a levantarse en 1904 la gran construcción, que cumplía con el deseo de Don Leonardo de “construir en sus tierras una capilla dedicada al Sagrado Corazón de Jesús”: habiendo fallecido sin concretarlo, fueron su viuda doña Antonia Iraola y sus seis hijos quienes lo hicieron en su memoria. Rodeaban aquel paraje terrenos ocupados por alfalfares y cina-cina, y sectores de bañados, dando así razón al nombre de “barrio de las ranas”, al este, detrás de la antigua estación “Barracas” del ferrocarril del Sud, existía un pequeño núcleo urbano denominado “Los Olivos”.(actuales calles Río Cuarto, Osvaldo Cruz y Melgar). La piedra fundamental de la nueva iglesia fue bendecida el 10 de junio de 1904, y de inmediato comenzaron los trabajos que incluyeron la residencia adyacente, de dos grandes patios con claustros de órdenes clásicos superpuestos, y el edificio para la escuela y dependencias. En 1905 comienza la construcción de la Basílica, y el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Gregorio I. Romero consagró el templo el 16 de agosto de 1908 El colegio se inauguró en 1908 y la basílica consagrada ese mismo año y confiada a los sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús de Betharan, padres bayonenses.

La primera restauración tiene lugar a los 50 años, entre 1958 y 1968, a cargo de los ingenieros Delpini y Bignoli. En esa ocasión es adecuada interiormente a las modificaciones litúrgicas instituida por el Concilio Vaticano II.Pocos años después, en 1976, los restos del matrimonio Pereyra Iraola, junto con los de sus hijos y familia directa, son trasladados a la cripta de la Basílica, donde hoy descansan.

Observaciones: El proyecto y la dirección de obra fueron realizados por el ingeniero argentino Rómulo Ayerza, graduado en la Universidad de Buenos Aires y perfeccionado en Madrid, París. Sin duda, el elemento destacado del conjunto es la iglesia un monumental edificio que adopta el estilo románico de transición al gótico. De planta en forma de cruz latina, con dos brazos transversales, una sola nave de gran amplitud, sus dimensiones aproximadas son 80 m de largo, 15 m de ancho, 30 m de crucero principal y 30 m también de altura hasta la clave de la bóveda, alcanzando la cumbrera del techo metálico que la recubre casi los 40 m. A la izquierda de la fachada principal se levanta una maciza torre cuadrada, que perdió la noche del 13 de marzo de 1913 la flecha que la coronaba, derribada por un ciclón. Construido en mampostería y hormigón, los muros del templo llegan en varios lugares al metro de ancho, con contrafuertes de macizos de ladrillo.
Más de 1000 operarios llegaron a trabajar simultáneamente en algunas etapas de a construcción, cuyo costo total aproximado habría sido de 4 millones de pesos de época.
En su mayoría los materiales que integran el templo proceden de Francia. Los altares fueron construidos por la empresa Daquier,de Caen y con los materiales de las canteras de Angulem. El órgano mayor, marca Mutin Cavallie Coll, es uno de los pocos que en nuestro país conserva su sistema mecánico de origen.
Tambien fue traído desde Francia el reloj de la torre construido por la firma Chateau Freres y Cía. Sobre sus muros hay colocados 34 vitraux y 3 de ellos son de tipo rosetones de 8.5 metros de diámetro. Los 165 bancos de roble fueron construidos en Francia. En el campanario hay instaladas tres campanas. También fueron construidas en Francia las diez imágenes policromadas.
La basílica permaneció clausurada en re los años 1964/68, debido a los grandes trabajos de reparación y consolidación que fueron necesarios para asegurar la estabilidad. Las obras iniciadas en 1958, fueron dirigidas por el ing. José Luis Delpini y a su muerte el ing. Arturo Bignoli. A la reinauguración de la iglesia, llevada a cabo en junio de 1968, le siguió pocos años después, el traslado de los restos de los fundadores, Leonardo y Antonia Pereyra Iraola, a la cripta situada bajo el altar mayor del templo, donde reposan desde 1976.
Terminada la forestación Don Leonardo Pereyra lo donó a la ciudad trasladando el dominio a la Municipalidad porteña, la que lo bautizó como Parque Leonardo Pereyra, aunque hoy se lo llama Fray Luís Beltrán. Ello se debe a que durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, caprichosas razones políticas impusieron el cambio de nombre. Todavía queda en un rincón del parque, como testigo que se salvó de ser derribado, un viejo cartel que ostenta la primitiva denominación, en espera de que ésta retorne algún día.
Concluida la construcción de la basílica, del convento, del colegio y del parque, la zona comenzó poco a poco a poblarse. Antes sólo estaba habitada por ranas en medio del agua, el barro y pastizales. Por eso era llamado el “barrio de las ranas”.

Datos:

Protección Municipal: Catalogado Integral

APH6: Ámbito Basílica Sagrado Corazón
Propietario actual: Sociedad Civil Colegio San José
Propietario original: Sociedad Civil Colegio San José
Proyectista: Ayerza Rómulo, Ingeniero Civil
Año de proyecto: 1905
Constructor: Guillermo Wheeler
Año de construcción: 1907
Año de inauguración: 1908
Corriente estilística: Neorrománico
Superficie cubierta: 14513.49
Superficie del lote:
202428.36
Uso actual: Culto
Uso original: Culto
Estado de conservación: Bueno.


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